La resta es fácil. Lo difícil es saber cuál de todas tus compras estás vendiendo.
La resta
Ganancia es precio de venta menos precio de compra. Si compraste a $30.000.000 y vendiste a $45.000.000, ganaste quince millones y ese es el número que se declara.
El problema aparece cuando compraste varias veces, a precios distintos, y vendes una parte. ¿Cuál de esas compras estás vendiendo?
Por qué no se puede saber, y qué se hace entonces
Un bitcoin no está marcado. Tu saldo es un número, no una pila de monedas identificables. Así que no se descubre cuál vendiste: se elige una convención contable y se aplica siempre igual.
La ley permite elegirla, pero exige mantenerla por al menos cinco años. No puedes usar el método que más te convenga cada abril.
Los métodos, y cuál usa casi todo el mundo
FIFO — lo primero que compraste es lo primero que vendes. Es el más usado, el más fácil de explicar si te preguntan, y lo puede usar cualquier contribuyente.
LIFO — lo último que compraste es lo primero que vendes.
Costo promedio ponderado — un promedio de todas tus compras. El SII lo acepta para empresas; para personas naturales, no.
Los tres dan resultados distintos sobre las mismas operaciones. Ninguno es trampa: son formas legítimas de valorizar un inventario, y por eso la ley te ata a una durante cinco años.
Y hay un ajuste que casi nadie aplica: el IPC
Lo que pagaste no se toma tal cual: se reajusta por inflación, tomando el IPC del mes previo a cada una de las dos fechas —cuando compraste y cuando vendiste—. Y la ganancia resultante se reajusta otra vez, esta vez hasta diciembre del año que estás declarando.
No es un detalle: en un año de inflación alta, ese ajuste puede bajar varios puntos la ganancia que declaras. Ignorarlo significa pagar impuesto sobre plata que no ganaste, solo perdiste poder adquisitivo.